domingo, 3 de junio de 2012

Me gusta escribir.
Quizá yo no sea la típica escritora. No me gusta pensar. Me gusta escribir. Sentir como mis dedos se deslizan rápidamente por el teclado o como mi muñeca hace los movimientos necesarios para crear todas esas letras. Pero sin pensar.
Me gusta escribir porque es todo intuitivo. Podría hacerlo con los ojos cerrados.
Son golpes de pensamientos, sueños, miedos, dudas... sin pensar, sin ni siquiera sentir apenas. Me dejo llevar mientras voy llenando los folios. Con errores, tachones. Con defectos.
Quizá no logre crear grandes novelas o historias que te hagan temblar de emoción pero tampoco lo busco. Escribo para mí misma. Ni siquiera quiero que lo lean, es un mero desahogo. Quizá publicarlo sea una forma de buscar empatía entre los desconocidos que no te harán daño.
Me gusta escribir aunque no suelo hacerlo. Antes lo hacía mucho, creaba grandes cosas en mi cabeza, un continuo frenesí de ideas. Pero desde hace años que ya no es así. Hace años algo cambió y todo ese sentimiento simplemente desapareció. Desde entonces, escribir cuesta muchísimo, ya no es esa tarea agradable. Pero a veces pasa algo y ese sentimiento vuelve. Casi nunca pasa, pero cuando menos me lo espero llama a mi puerta y me inunda de nuevo, dejándome totalmente descolocada. Para irse muchas veces antes de que pueda hacer algo. No es muy común, pero a veces pasa.

Me gusta que seas mi razón para escribir.

miércoles, 19 de enero de 2011

Paralelismos con la vida

Esto lo escribí hace un par de días en clase. Que cada uno saque sus propias conclusiones

¿Recuerdas cuando aprendías a montar en bici? Tenías miedo, era una experiencia nueva y no sabías lo que iba a pasar.
-No me sueltes -pedías temerosamente. Y te prometían que no te soltarían.
Confiando en eso, comenzabas a pedalear. Sentías unas manos agarrándote y te sentías seguro, a salvo y sin miedo. Pero, cuando menos lo esperabas, te soltaban obligándote a hacer todo tú solo. El terror te invadía y te ponías nervioso. Pero ese era el momento clave, te tocaba ir solo pasara lo que pasase.

Muchas veces perdías el control y te caías haciéndote daño. "Si no me hubiera soltado como me prometió" pensabas tristemente "no me hubiera pasado nada".
Pero, en una de esas, aprendes a montar en bici.